08 septiembre 2006

Madrid

No hace mucho estuve de viaje en Madrid. Allí viví experiencias maravillosas, como cuando tenía ante mí el cuadro "El triunfo de la muerte" y me daba la vuelta y me encontraba ante "El jardín de las delicias". También disfruté mucho junto a mi dama visitando El Escorial, con su impresionante biblioteca en cuyos frescos se citan las alegorías y los héroes de las distintas artes; en el conjunto monumental de Cuelgamuros, con su inusitada grandeza para esta época desencantada; el museo Sorolla, oasis de romanticismo en pleno Madrid ruidoso; la armería real, donde ví las armaduras originales que en buena parte construyeron y configuraron España, como la cimera del escudo de Valencia o las espadas cuyas réplicas se pueden encontrar en cualquier cuchillería: del Cid, de Carlos V, de los Reyes Católicos... Volviendo al Prado, me transportaba a otro mundo de belleza cuando examinaba la proporción áurea de la luz de Velázquez, o cuando sumergía mis sentidos en esos Adán y Eva de Durero, mezcla de clasicismo grecorromano y arquetipos germánicos.
Remar en el Retiro también me gustó mucho. Nos divertimos, nos ejercitamos, disfrutamos de las nubes que surcaban el cielo y nos refrescamos.
Y sin embargo sigue siendo una ciudad grande y deshumanizada.

1 Comments:

Blogger Radical Ed said...

Es un agujero infernal. Y aunque no he visitado ninguno de sus museos la verdad es que me quedo con la imagen de varias chicas refrescandose bajo una fuente un dia caluroso en el parque de atracciones. Las camisetas mojadas es lo mejor que he visto de mi capital.

21:10  

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